miércoles, 19 de diciembre de 2007

También ahora

Sí, resulta difícil de creer pero no es que sea todavía o aún (creo), sino ahora. El tiempo que tampoco me perdona, ya ves, me lleva de estación en estación y se saca los ojos en vano. Todavía hay noches que parecen haber olvidado allí cerca, en la vuelta de cualquier esquina, el pulsar del tiempo. Yo, amable, las invito a que en un pequeño lapsus vuelvan rápido a por él y lo traigan de vuelta, que yo espero aquí que no se preocupen, que sinceramente y a estas alturas no me importa demasiado perder un poco. Ellas, las noches eternas, es decir las sin-tiempo, se sienten culpables, claro, es que no es propio de las noches ser tan despistadas; ¿quién ha visto? ¿cómo se puede una noche presentar sin reloj?. Las veo revolviendo todo de aquí para allá, hasta hay veces que su desasosiego me arranca alguna que otra sonrisa. No me hacen caso, y siguen a lo suyo, presentarse de improviso nada más que a pasar el rato. Esta situación no se podía mantener más, así que generoso, me ofrecí a dejarles mi reloj para ver si así lograban calmarse. Fue vano, las noches empezaron a adelantarse (rara vez se atrasaban), había veces que me sorprendían a plena luz del día, otras y no era demasiado raro, se prolongaban en exceso. En estas cada vez más frecuentes apariciones, mi natural simpatía hacia ellas empezaba a cogerle ojeriza. Yo sufría mucho por aquél entonces, me encontraba en un dilema de difícil solución: tenía que ayudar a estas pobres despistadas a encontrar un ritmo y al parecer ningún artilugio mecánico les servía. Así que sin pensarlo demasiado en una de aquellas visitas inesperadas, les expliqué que encontraría una solución a su problema. Tras largos días sin interrupciones y después de algunas estériles meditaciones todavía no había encontrado ninguna posible solución. Empezaba a desesperar, pues al ofrecerle mi ayuda me sentía responsable tanto de su destino como del mío. Ellas me confesaron que tampoco se sentían bien en semejante situación, la gente empezaba a hablar mal sobre ellas, criticaban su falta de puntualidad, las comparaban con el sol (siempre tan puntual) y muy a menudo se sentían avergonzadas. Además estaban empezando a notar que ya no me arrancaban sonrisas con la misma facilidad y al parecer, eso también las fastidiaba. Andando el tiempo, y casi por casualidad dí con una posible solución: tenía que explicarles que quizá el problema hubira surgido de que ellas eran una muestra de vida y que por tanto no les podía servir ningún ingenio mecánico como mi reloj, así que la solución era reencontrar el ritmo vital que habrían de haber perdido en cualquier sitio. Cuando cayó la noche, expliqué mi solución y a ellas les pareció al momento como la única salida acertada. Se pusieron muy contentas y formaron un gran alborozo, me lo estuvieron agradeciendo durante un largo rato y despues de repetirme que ya me compensarían este grandísimo favor, se marcharon prometiéndome volver a la noche siguiente trayendo consigo su impecable y preciso ritmo. Pero justo antes de abandonarme volvieron sobre sí y me dijeron muy entristecidas y avergonzadas que ellas no tenían vida propia, que ellas manifestaban la vida pero que eran no más que un reflejo de lo que "dentro" de ellas ocurría. Me entristeció saberlo. Sin vacilar un punto les propuse hacer un pacto: yo les permitiría indagar por mi vida para que ellas encontrasen su ritmo, es más, le indiqué en que pasajes lo encontrarían con más facilidad, pero introduje un par de condiciones: sólo les permitiría observarlo hasta que ellas reajustasen el suyo, y además, cada vez que las evocase deberían presentarse rápidamente ante mí. Accedieron y se marcharon, y yo caí en un profundo y apacible sueño. Cuando desperté me encontré algo extaño, pero tuve que esperar hasta la noche para descubrir que no sólo me encontraba algo raro sino que yo mismo acudí a la noche sin mi ritmo habitual. Al cabo de algunas noches más, descubrí que ellas me habían robado el corazón y que a cambio únicamente me habían hecho vivir de por vida en una inesperada y sorprendente noche eterna.

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