miércoles, 12 de diciembre de 2007

El nacimiento de la luz

En un principio no había sitio para nada porque no había espacio más alla de la oscuridad. Fue preciso (es preciso) un largo proceso de concienciación para hacer entender a los oscuros, aunque no por ello solitarios que es posible una especie de nacimiento hacia a la luz. Hay, por así decirlo y según tengo entendido, una fuerza que es capaz de iluminar y clarificar el camino que ha de conducirnos hacia una vida digna de llamarse plena. Esta necesidad conlleva a dos posibles soluciones: la una el nacimiento de los dioses y la otro mucho más tardía y alternativa en el sentido moderno del término, la aparición de la conciencia y por ende, el casi absoluto aislamiento de cada ser en su propio universo. El nacimiento de los dioses de mano de los hombres no era más que una respuesta a la interpelación que el hombre se hace con tanta frecuencia una vez que ha llegado a plantearse su existencia: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Tiene sentido preguntarse por el sentido? ¿Quién soy? etc. para tratar de salvarse así de alguna manera de la oscuridad a la que sabe (y este es el principio del conocimento) que lo ha condenado su ignorancia, o bien crea a los dioses o a la conciencia. Pues atribuyendo causas el hombre siente que da un paso más fuera de la oscuridad. Es realmente impresionante el poder sugestivo del desconocimiento de lo que nos rodea, considero indeseable no saber, pero peor me parece no querer saber. Con frecuencia he oído que el saber contrarresta la capacidad de sentir, de disfrutar e incluso de ser feliz (creo que debería cuidar mis oídos de estos medios tan hostiles...)y que es por ello preferible mantenerse fuera del alcance de esta luz de la que hablaba. Una posible inferencia a seguir por este tipo de personas es que no les resulta rentable personalmente y de modo impensable en el aspecto económico cambiar sus numerosas e inviolables certezas por un puñado de dudas con soluciones relativas y siempre sujetas a crítica. Claro para el que no ha visto ni de lejos la luz, para el que sólo cree en su felicidad basada en su negativa a toda búsqueda de verdad porque cree poseerla desde hace ya tiempo, pues no le interesa, ni siquiera se lo plantea pues el plantearselo sería ya un paso hacia este tipo de duda metódica. Es paradójico que a pesar de todo y pese a la dificultad que conlleva el tratar de alubrarse el camino; los demás, los oscuros, los que no han ido a tomar la luz, prejuzguen ni siquiera juzguen ya que les falta el entendimiento o la inquietud por la búsqueda de la verdad, de la luz si se quiere; a los demás precisamente de lo que ellos son, es decir, de oscuros. Siempre me ha gustado mucho este adjetivo en los ya iluminados, suelen ser gente de lo más interesante si se tiene la paciencia y el interés por ir más allá de la que sabemos que es nuestra relativa y nunca absoluta verdad; si en definitiva tratamos de iluminarnos también con su luz, la de los oscuros y la de los claros y no nos conformamos con nuestra pequeña llamita que no ilumina mucho más de lo que inmediatamente nos rodea porque lo que podemos ganar con todo ello es una gran hoguera, es decir una gran fiesta alrededor de este tremendo fuego como medio a través del cual tratamos de escapar de la oscuridad mientras vivimos de la única manera que sabemos. Buscando. Gracias Heráclito (el oscuro) por la(s) sugerencia(s).

No hay comentarios: