jueves, 26 de junio de 2008
Infinito
Desde siempre, es decir, desde la niñez, me aterró pensar en el infinito. Me desagradaba pensar que siempre podría añadir un número más, pensar que habría cualquier cosa detrás, que nada nunca terminaría en la eternidad...no me gustaba, sentía cómo perdía el tiempo, cómo no valía de nada entrar en esa espiral de pensamientos. La vida dura lo que dura, lo que dura mientras vivimos y no tenemos (no tengo) más prueba del infinito que la nada que nos paraliza. Yo no puedo concebir algo infinito, nada absoluto y en cambio de alguna manera lo busco, lo espero. Me gustaría toparme con mi plenitud (¿a quién no?) para tenerme todo en cualquier instante. El camino es distinto, hay que esforzarse, no vale rendirse, hay que volverlo a intentar, tenemos que aprender quizá a posteriori. Yo creo que se trata de una cuestión de fe, pero o yo no tengo la suficiente (y me puedo preguntar ¿por qué?) o tengo demasida clara la duda de que quizá no exista más que finitud e imperfección (a excepción de las matemáticas y de los grandes artistas). Creo que depende de la actitud que tomemos ante esta última realidad, esfuerzo y búsqueda, o paralización y espera. Lo más humano tiene que estar en esa línea, ser capaz de amar el logro con sacrificio, la entrega del verdadero éxito de la vida a pequeños plazos, el amor que trasciende los errores o que radica precisamente en ellos. No hay nada perfecto, pero todo funciona bien, esto sí que es digno de amor, y éste sí que está cerca de ser infinito.
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