jueves, 13 de diciembre de 2007

Orígenes

No es extraño declarar que no hay un sólo origen y que de entre todos los que podrían ser ciertos habrá algunos que queden dormidos en algún lejano rincón de la conciencia o inconsciencia, para fermentar en el momento menos pensado y precisamente por eso dar muestra de que de esta maravillosa mezcla de elementos extrañamente maravillosos no puede reducirse a un cómputo, a un simple registro de tradición biográfica. Pienso que aunque le debemos mucho a lo que vivimos y a lo que pensamos que vivimos, no basta para que esto nos sirva de criterio al cual atenerse para saber quién se es. Pero entonces ¿Qué somos?¿Cómo podemos saberlo? A mí personalmente, y lo digo evitando caer en la vanidad que llevaría a pensar que tengo alguna remota certeza acerca de quién soy; a veces me resulta fácil intuirlo, sentirlo, notarlo, experimentarlo...no sé y es esto lo que no deja de suscitar mi duda: que quiero saberlo, quiero tener un verdadero conocimiento acerca de mí, esto es algo que me importa y no por ello rompe la relación de equilibrio que tengo con todo lo que existe también, ¿Acaso es que no podemos saberlo porque todo lo que es, es la misma cosa?. Esto supone cierta unidad entre el sujeto y el cosmos, que bien mirado y como diría Platón en su Timeo exige una relación directa entre el macrocosmos y el microcosmos. Pero además de esta relación y de esta armonía entre todo lo que existe, existe algo más que no es más que un intrincado lugar inaccesible para los psquiatras y de naturaleza irracional, este absurdo empeño de rebasar los límites de lo material, de lo estrictamente demostrable, este obstinado hábito de levantar el vuelo por encima de la "simple" realidad. Necesitamos saber, y sabemos muchas cosas. Pero queremos saber lo que más nos importa: queremos sabernos, saber a los que amamos, saber cómo se originó el misterio de la vida, saber por qué la necesidad de ese otro misterio: la muerte. Saber, saber, saber...hoy no me siento con fuerzas para enfrentarme a tanto misterio, hoy ignoro que fuerza se trenza dentro de mí para mantenerme con vida, hoy humildemente sólo puedo decir que alguna vez amé y que ese misterio humildemente también, me enseñó algo que quizá nunca acierte a describir, quizá lo que pude aprender no fue de mí tan sólo, ni de aquellas otras realidades amadas, sino de todo aquello que se puede sentir pero no saber, de esa otra realidad más allá del alcance de la razón, todas esas cosas, aquellas otras tantas cosas que precisamente por mostrar que existían en lo más profundo de todo lo que es y de todo lo que era, nos abrían alegremente la puerta no para que las conociésemos sino para que nos fundiésemos con ellas, para tratar de mostrarnos por medio del convencimiento de que todo lo que es vive amándose algo importante,algo bello, real, algo de verdad. Esa locura divina de los amantes que los conecta con la divinidad. Sencillamente amor como forma de conocimiento.

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