domingo, 30 de marzo de 2008
Magia
Hay bajo el cielo rarezas que pretenden hacer un tirabuzón con las líneas de la frente. Debajo de las sombras hay escondidas llaves para abrir aquello que el viento nos susurra. Y no es lo que hay cuando nuestros efluvios cesan. Tampoco es lo que brota cuando la tarde muere. Es más bien lo que hace que un verso no se caiga, ni siquiera cuando tú ya no lo miras. Hay, mientras vivimos un círculo al que algunos saltan y otro que rueda en un balanceo, siendo una danza que delira volcando a otros. También hay un río que sigue un curso celeste en el que nadie se baña más de una vez. Yo no quiero vivir en la obligada espera que antecede al salto. Yo quiero tener claro que quiero saltar, saber que lo que dejo atrás no puede ser mejor de lo que me espera. Saberme tan poca cosa que pueda volar mezclado en las palabras que traiga el viento. A veces pienso que otro que quizá soy yo, ya cuenta las horas. Sé que no debo gritar más alto, sería mejor seguir correteando de estrella a estrella, es mejor ir dando brillo a los ojos con los rayos de luz que desprenden tus miradas. Porque aquí y ahora lo más importante es buscar el sitio desde el que saltar, porque creo que voy a necesitar toda una vida de ventaja, porque sé que sin ti y sin tu magia no voy a poder.
viernes, 14 de marzo de 2008
Pongamos
Pongamos que la noche no es más que un puñado de estrellas y melancolías. Pongamos que le ponemos cosas, que la salvamos de esta pobreza. Por poner, yo no dejaría que volviese el alba sin que al primer rayo de luz aparecieras enredada conmigo; y no es mucho poner... es poner las cosas en su sitio. Pongamos que le pongo una luna contemplada por sólo dos pares de ojos que miran las cosas sin desentrañarlas, es decir que miran el mundo desde la terraza del entendimiento. Por un momento (y si sale bonito una eternidad) imagina que el sufrimiento es sólo ésta estrella fugaz que ahora surca el cielo. Pongamos que a esas estrellas se le pueden pedir deseos y que éstos se cumplen, por si pudiese desearse más...¿puede desearse más?Pongamos que si hace frío nuestro calor nos baste, y que si hace calor no haga mucho o que la brisa nos traiga con rumor de olas, el mar. Pongamos que la brisa trae aromas de selvas y volcanes, de desiertos y playas; y de jardines y cocinas. Pongamos que en esa noche, como en todas, alguien se siente el más desdichado bajo el cielo y que su lamento en forma de poema o de canción o de lágrima como gota de lluvia que no se pierde ya en la nada, es capaz de llegarnos dentro del mensaje de las botellas que tiran esos náufragos al mar y que nosotros nos bebemos para inventarnos otra alegría más. Pongamos que todo el misterio que no acertamos a comprender está cifrado en el parpadeo de las estrellas. Pongamos que por otro misterio más mágico aún somos capaces vivir el resto de la vida sin desear más, excepto esa especie de paraíso del que alguna vez fuimos expulsados que se llamaba inocencia y que daría lugar tan sólo a una existencia más fecunda. Pongamos que todo esto lo decimos bajito para que no se entere ningún dios por si se arrepiente de habernos puesto al final el paraíso tan cerca. Pongamos que de alguna manera todo el mundo empieza a ponerle cosas a sus noches. Pongamos que dejo de escribir porque ha sonado el timbre (y a éstas horas!)y no se quien puede ser pero pon que eres tú, extraña mía...
miércoles, 12 de marzo de 2008
En esta "chispa"
"El ser humano es el único animal consciente de su muerte"Nietzsche.
Todas las verdades se dicen de diferente manera, pero debajo de todas ellas subyace por igual esta idea. La existencia humana es una tragedia por el hecho de que algún día, más tarde, más temprano, todos reparamos en esto. Hay quien no puede soportarlo y hay quien la asume con resignación. Otros buscan la protección en alguna salvación y en algunas promesas inciertas. Pero una cosa es segura, la probabilidad de que algún día nos alcance es tan alta que nos puede llevar a pensar que esta vida es una "miseria". Ser consciente de la muerte y de la fugacidad de la vida es todo uno. Así que como "pasatiempo" se tiene que recurrir a la creatividad. Dejar una especie de señal de que hemos estado aquí, para que alguien algún día nos recuerde y hayamos vencido así esta certeza. Esa creatividad adopta innumerables formas, más o menos geniales. Pero creo que llega un punto en que no importa mucho que alguien nos pueda recordar por aquello que hagamos, sino que la tragedia se hace propia y queremos, mientras nos sea posible y por si no tenemos más que esta breve oportunidad, vivir en nuestro propio paraíso. Este puede ser un buen destino: construir en esta "chispa" nuestra idea del paraíso. Porque de existir algo más, éste debería ser el único ticket válido; porque de no existir nada más éste es el único sentido que yo le veo. Construirnos mejores cada día, dispuestos incluso a retirar algunas ruinas del pasado. Pero para eso hace falta que intervenga un ingrediente mágico y misterioso, que cogemos del mundo y ponemos en el mundo a nuestra manera: el amor. Querer no sólo nuestro paraíso, sino que todos lleguen al suyo. Verterlo todo con este ingrediente y dejar que los resultados vayan creciendo, nos vayan diciendo quiénes somos. Para que cuando se acabe este viaje hallamos llegado a algún sitio.
Todas las verdades se dicen de diferente manera, pero debajo de todas ellas subyace por igual esta idea. La existencia humana es una tragedia por el hecho de que algún día, más tarde, más temprano, todos reparamos en esto. Hay quien no puede soportarlo y hay quien la asume con resignación. Otros buscan la protección en alguna salvación y en algunas promesas inciertas. Pero una cosa es segura, la probabilidad de que algún día nos alcance es tan alta que nos puede llevar a pensar que esta vida es una "miseria". Ser consciente de la muerte y de la fugacidad de la vida es todo uno. Así que como "pasatiempo" se tiene que recurrir a la creatividad. Dejar una especie de señal de que hemos estado aquí, para que alguien algún día nos recuerde y hayamos vencido así esta certeza. Esa creatividad adopta innumerables formas, más o menos geniales. Pero creo que llega un punto en que no importa mucho que alguien nos pueda recordar por aquello que hagamos, sino que la tragedia se hace propia y queremos, mientras nos sea posible y por si no tenemos más que esta breve oportunidad, vivir en nuestro propio paraíso. Este puede ser un buen destino: construir en esta "chispa" nuestra idea del paraíso. Porque de existir algo más, éste debería ser el único ticket válido; porque de no existir nada más éste es el único sentido que yo le veo. Construirnos mejores cada día, dispuestos incluso a retirar algunas ruinas del pasado. Pero para eso hace falta que intervenga un ingrediente mágico y misterioso, que cogemos del mundo y ponemos en el mundo a nuestra manera: el amor. Querer no sólo nuestro paraíso, sino que todos lleguen al suyo. Verterlo todo con este ingrediente y dejar que los resultados vayan creciendo, nos vayan diciendo quiénes somos. Para que cuando se acabe este viaje hallamos llegado a algún sitio.
lunes, 10 de marzo de 2008
De rotas
Para ser y sentir, si no son lo mismo, no basta con vivir. A veces es preciso morir alguna vez para saberse vivo. La vida que llevamos en los ojos es fruto de las vidas que nos hemos roto con las manos. La vida que nos rompe sin romperse, que queda tras los despojos de lo que hace con nosotros, es la vida que ama hasta los errores, la que teme, la que crece en la sombra, la que nos lleva a nosotros. El camino de aquello que hacemos en busca de quien queremos ser en soledad. Esa que después de haberse roto volvemos a levantar con mimo. Aquella que nos queda cuando no nos queda ya nada. Lo que un día de juicio eterno tengamos en el corazón, eso que habremos de dar con absoluta pureza. La vida que tenemos es una sonrisa que no oculta sus fracturas, que lleva la marca de la plenitud, una sonrisa que hemos de regalar a todo lo vivo, a nosotros. Un haz de luz que por amar y por amar tanto algún día se ocultó por querer amar también las cosas del otro lado. Y así como el rayo de sol que vuelve tras la nube para iluminar con una fuerza eterna pero nueva, así nosotros volvemos a iluminar y a iluminarnos después de habernos quebrado, con una fuerza y unas ganas de amar eternamente resucitadas.
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