"El ser humano es el único animal consciente de su muerte"Nietzsche.
Todas las verdades se dicen de diferente manera, pero debajo de todas ellas subyace por igual esta idea. La existencia humana es una tragedia por el hecho de que algún día, más tarde, más temprano, todos reparamos en esto. Hay quien no puede soportarlo y hay quien la asume con resignación. Otros buscan la protección en alguna salvación y en algunas promesas inciertas. Pero una cosa es segura, la probabilidad de que algún día nos alcance es tan alta que nos puede llevar a pensar que esta vida es una "miseria". Ser consciente de la muerte y de la fugacidad de la vida es todo uno. Así que como "pasatiempo" se tiene que recurrir a la creatividad. Dejar una especie de señal de que hemos estado aquí, para que alguien algún día nos recuerde y hayamos vencido así esta certeza. Esa creatividad adopta innumerables formas, más o menos geniales. Pero creo que llega un punto en que no importa mucho que alguien nos pueda recordar por aquello que hagamos, sino que la tragedia se hace propia y queremos, mientras nos sea posible y por si no tenemos más que esta breve oportunidad, vivir en nuestro propio paraíso. Este puede ser un buen destino: construir en esta "chispa" nuestra idea del paraíso. Porque de existir algo más, éste debería ser el único ticket válido; porque de no existir nada más éste es el único sentido que yo le veo. Construirnos mejores cada día, dispuestos incluso a retirar algunas ruinas del pasado. Pero para eso hace falta que intervenga un ingrediente mágico y misterioso, que cogemos del mundo y ponemos en el mundo a nuestra manera: el amor. Querer no sólo nuestro paraíso, sino que todos lleguen al suyo. Verterlo todo con este ingrediente y dejar que los resultados vayan creciendo, nos vayan diciendo quiénes somos. Para que cuando se acabe este viaje hallamos llegado a algún sitio.
miércoles, 12 de marzo de 2008
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