Eres mi última palabra.
La melodía preciosa que escucho pero no me atrevo a describir.
Mi mejor sonrisa.
Las mejores manos vivas nunca talladas.
La última flor que se abre al sol.
La palabra más tierna que tanto dije cuando te dije.
El suspiro sordo con que te llamo.
El hueco del cuerpo que me falta.
La caricia abierta con la que no me hiero.
Un beso que no recibo cuando el sol raya la persiana.
Eres la única llave al infinito.
El golpe seco y sonoro de la piel contra la verdad.
Mi búsqueda constante.
La respuesta en la oscuridad.
La pregunta que todavía queda en la certeza.
Los pasos que llevan a alguna parte.
El doble fondo con que se cubre mi corazón.
Eres lo que espero ver al despertar y al soñar.
Los ojos que nombran.
Sólo tú dices lo que soy.
Donde quiera que estes te espero.
Porque eres el precio a pagar por el paraíso.
Y no soy más que la sombra de una estela,
de un camino que no lleva hasta tí.
sábado, 24 de mayo de 2008
martes, 13 de mayo de 2008
Un círculo
Para las tardes secas del verano, la risa fresca como las losas de un patio a la sombra. Para las manos trémulas que se adentran en la nada, el deseo de acariar el terciopelo de la verdad. Para la casa solitaria en el ocaso, una buena esperanza. Para las hojas secas de otro otoño, los recuerdos de la siguiente primavera. Para el bocado de las olas en la playa, la huella del pie derecho tras el izquierdo. Para las noches de obligadas citas, algunas citas obligadas. Para las escaleras que nos sumergen en el cielo, las palabras con que forjamos el amor. Para no tener la razón, tus párpados cerrados. Para no olvidar, el corazón y sus laberintos. Para amar, la vida y sus esquinas. Para no morir, el cuerpo y sus heridas. Para volar, el deseo. Para acertar, quererlo. Para el río, la otra orilla. Para soñar, la noche y los sueños. Para ser hombre, una mujer. Para ser, no ser también. Para que sea yo, tú.
lunes, 12 de mayo de 2008
Rosas sin nombre
Hay una espiral de rosas rojas. Tengo una palabra corta y a mano: tú. No tengo a labios algunos besos, pero espero los que me esperan. Vi una vez una filigrana de humo, junto a un grabado en el agua. Me llené de azares y destinos, con los que bailo cuando puedo. Conté mi historia a una piedra, empecé este cuento de vivir. Tengo miedo a la sangre que separa y amo lo que por la sangre se engendra. Me pierdo en la ciudad a la que voy cuando me encuentro. Vuelvo al sitio del que nunca escapé. Miro el límpido cristal que envuelve lo bello y sin romperlo acaricio lo que viene a estar detrás. Supe por el vacío que algo dentro habría de quedar. Dije aquello que supone el paso a lo nuevo. Tuve miedos y tuve miedo a los espejos, no quise nunca aquel color. Pensé que nada tenía sentido y casi me convierto en fatídica certeza. Traté de aprender algo noble, algo que pueda decirte mañana también. Quiero decir amor, pero ahora no sé cuál es tu nombre.
viernes, 9 de mayo de 2008
A lo mejor
Seguramente la muerte vendrá algún día, pero que venga sola y desnuda. Espero que mi vida la haya ido despojando de sus ropas, de su miedo y sus reproches. Quiero poder decirle que tengo una vida que ya nadie me podrá quitar jamás. Que aprendí a conformarme a no ser inmortal, y que el pulso que me ofrece desde aquí a ese día, aunque ella lo venza fuerte y segura, yo lo jugué decidido y con ganas. Confío en la ventaja que me da su certeza y me inclino a pensar que puedo vencerla con mis dudas. Mi duda es que nunca sabré si quedará algo después de ese encuentro. Su simple certeza es saber que me alcanzará. Hoy creo saber que hemos venido hasta aquí para vivir, y eso es lo que la muerte quiere. De mí se querrá llevar las fugaces horas en que amé y me amaron; de los demás momentos, se querrá llevar aquellos en que fui capaz de amar la cicatriz (que aun me duele y a veces consigo reabrir) que dejó en mi piel el relámpago feliz de una vida encendida. Pero atendiendo a la estadística lo más normal es pensar que estoy equivocado, que no se llevará nada, que ni siquiera venga ya aquél día en que muera este cuerpo, que a lo mejor ya estoy muerto y que esto es el cielo.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Ser y no ser
Soy contradictorio, lo asumo. Soy una "suma de multitudes". Elegir es un riesgo del que siempre quise librarme, aunque no creo que haya optado por la opción más cobarde, siempre quise serlo todo y a menudo he sentido que era nada. He querido abrirme a toda la realidad, no siempre lo logré, pero la curiosidad que sentía era mayor que el apego a la idea que de mí mismo tenía. Siempre quise quedarme con algo, quise al menos lo mejor de las cosas, aunque nunca he sabido bien qué era y casi nunca he conseguido aprehender lo que quería. Esto lo siento como algo que me mata y algo que me vive, que me exalta y me oscurece. La suma de lo que tengo que se detiene a media resta de lo que me falta, lo que en definitiva multiplico por todo lo que aún sigo queriendo, lo que me divide en tanto opuesto para encontrarlo, supongo. El cubo que llené con tanta línea y tanto trazo y que pierdo cuando se me eleva a esa potencia. La geometría imprecisamente perfecta con me voy dando forma. El círculo por el que ruedo en un plano lleno de aristas con que toma forma el mundo, este poliedro con más caras cada vez. Un principio de incertidumbre que aplico a toda la mecánica que activo cuando mediante un movimiento y una posición pretendo estar cerca de mí, estar en mí, ser yo mismo, ser desde yo mismo, dejar que mí yo mismo me sea, serme, realizarme. Un centro secreto que sólo se ve con los ojos vueltos hacia dentro y que ahora imagino como la preciosa esfera hecha a base de "nada" que cabe entre tu ombligo y el mío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)