lunes, 12 de mayo de 2008
Rosas sin nombre
Hay una espiral de rosas rojas. Tengo una palabra corta y a mano: tú. No tengo a labios algunos besos, pero espero los que me esperan. Vi una vez una filigrana de humo, junto a un grabado en el agua. Me llené de azares y destinos, con los que bailo cuando puedo. Conté mi historia a una piedra, empecé este cuento de vivir. Tengo miedo a la sangre que separa y amo lo que por la sangre se engendra. Me pierdo en la ciudad a la que voy cuando me encuentro. Vuelvo al sitio del que nunca escapé. Miro el límpido cristal que envuelve lo bello y sin romperlo acaricio lo que viene a estar detrás. Supe por el vacío que algo dentro habría de quedar. Dije aquello que supone el paso a lo nuevo. Tuve miedos y tuve miedo a los espejos, no quise nunca aquel color. Pensé que nada tenía sentido y casi me convierto en fatídica certeza. Traté de aprender algo noble, algo que pueda decirte mañana también. Quiero decir amor, pero ahora no sé cuál es tu nombre.
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