viernes, 9 de mayo de 2008
A lo mejor
Seguramente la muerte vendrá algún día, pero que venga sola y desnuda. Espero que mi vida la haya ido despojando de sus ropas, de su miedo y sus reproches. Quiero poder decirle que tengo una vida que ya nadie me podrá quitar jamás. Que aprendí a conformarme a no ser inmortal, y que el pulso que me ofrece desde aquí a ese día, aunque ella lo venza fuerte y segura, yo lo jugué decidido y con ganas. Confío en la ventaja que me da su certeza y me inclino a pensar que puedo vencerla con mis dudas. Mi duda es que nunca sabré si quedará algo después de ese encuentro. Su simple certeza es saber que me alcanzará. Hoy creo saber que hemos venido hasta aquí para vivir, y eso es lo que la muerte quiere. De mí se querrá llevar las fugaces horas en que amé y me amaron; de los demás momentos, se querrá llevar aquellos en que fui capaz de amar la cicatriz (que aun me duele y a veces consigo reabrir) que dejó en mi piel el relámpago feliz de una vida encendida. Pero atendiendo a la estadística lo más normal es pensar que estoy equivocado, que no se llevará nada, que ni siquiera venga ya aquél día en que muera este cuerpo, que a lo mejor ya estoy muerto y que esto es el cielo.
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