lunes, 21 de abril de 2008
Días de lluvias
Llovía en la noche, antes de este día. Era esta lluvia una respuesta deseada que repartía sus fecundas manos por el aire iluminado que hay bajo las farolas. Un monótono tañer de gotas sobre losetas, chapas y tejas; que acompasaba su ritmo al son de una búsqueda constante para hallar el lugar desde el que pudiese seducirnos mejor. Obligada, supo respetar la redacción de esa carta de amor que se hizo para habitar un hueco como el de aquel árbol. Tuvo, además, piedad de los cuerpos que bajo su cielo no se resignan a ser sólo materia y supo compensar el desacierto de lo que no logramos conseguir. Es cierto, y en los días de lluvia se comprende más fácilmente; que la atmósfera en que dejas escapar ciertos suspiros no se olvida de ellos, no deja que nadie viva sin escuchar el dulce sonido de tu alma y tus entrañas cuando reconoces la ausencia de algo. Esta lluvia ha esculpido con sus lágrimas todas las palabras que damos o nos quita el viento y las ha hecho caer para ponerlas en nuestras manos. Ha sabido dejarse abatir para que cuando recojamos su trabajo podamos andar felices bajo sombras o junto a flores. Ha querido limpiar las calles de mentiras para que podamos decirnos alguna verdad, para que la piel cuando se junte esté limpia de rencores, pura y llena del alma nuestra. Ha querido recordarnos aquello que sabemos que somos porque nos ha dicho además, todo lo que no estamos siendo. Se ha esmerado con cuidado en mi ventana porque en ella aún persisten los mensajes con que quiere hacerme entender que por raro que me parezca vivimos bajo las mismas nubes. Hoy había mares junto a cualquier acera, también había olas bajo cualquier rueda, y fuentes sobre cualquier cántaro. Porque quería que entendiésemos que el mundo grandioso que en postales se desea también está cerca si somos capaces de limpiarnos los ojos con los despojos que sobran de su escultura. Porque tenía que llover, ha llovido; porque no podía ser de otra forma, porque cuando los nublados huyan lejos no podremos dejar de recordar lo que con ellos se nos dijo. Para que la deuda que se contrae con este obsequio nos haga más sinceros. Para que cuando nos sintamos secos tengamos donde mirar, buscando mirarnos. Para que si alguna palabra quedaba sucia podamos volver a meterla en nuestra boca, por eso, para que tu nombre y el mío se pujen como las vigas queriendo juntarse. Tú también sabes que ha llovido por más motivos, para que un día puedas decirme también “ha llovido tanto desde aquellos días...”. Ha llovido para disuadirnos de distinguirnos del resto, pues todos nos mojamos más o menos, la cabeza o los zapatos. Para que aprendamos a querer lo que tenemos dentro de nuestros amparos, para que nuestras lágrimas formen parte de todo el líquido que se escurre por el contorno del absurdo que está entre nosotros. Ha llovido para que mañana cuando ya no llueva, salgamos con más ganas a encontrarnos. Para que bajo cualquier pretexto nos encontremos.
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1 comentario:
Encontrarse (en medio de la lluvia dos desconocidos se miran curiosos por debajo de las copas de sus paraguas), es tan difícil...que solo puede suceder sin buscarlo. Un abrazo cariñoso.
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