jueves, 10 de abril de 2008

A cierto amigo

Viejo amigo ¿qué tal te va? ¿qué cosas encontraste en tu azaroso andar? ¿qué es de lo que sabes, lo que más te gustaría ignorar? dime de lo que ignoras, dime ¿qué anhelarás? Hoy visité el minucioso lugar de tu muerte, hoy estuve con la vida y me preguntó por tí y asesinó al olvido, ese moribundo sangrante que no acaba de morir. Hoy la despistada señora del laberinto volvió a mostrar el cabo que nos une a la salida, hoy la pobre Ariadna quiso acercarnos más. Y no mentimos aunque alguna vez nos inventamos la verdad. Pero tú te fuiste ya y me dejaste a golpes con la vida, sí ¿te puedes imaginar? la misma que hace nada nos comía a besos y deseos ¿recuerdas? a tí todo esto te resultará bastante dificíl de entender, lo sé bien. Nunca nos mentimos pero la verdad que ahora me invento se ajusta tanto a esa otra pobre, la realidad...¿qué me voy a inventar que no soñásemos?¿qué te voy a contar si ya lo ves? Me acuerdo tanto de tí, sigues vivo al doblar las esquinas de mi realidad, al otro lado de cualquier sonrisa, sobretodo hay mañanas en que sé que aun puedo encontrarte vagando por las callejas del casco viejo. Aún te busco y quizá tú lo sepas. Te busco aún, especialista en líos, a tí el del ingenio rápido, al enterrador de miedos, al resucitador de pasiones, al dibujante de sueños, al arquitecto de ese otro mundo posible, al mecánico de la realidad, al músico del alma y al poeta cuando había amor. ¿Cuánto nos quisimos? fuimos (¿somos?) inseparables. Te fuiste y tu huida se coló por un embudo tan pequeño que realmente hubo de salir por el otro lado de uno de tantos agujeros negros que ahora yo siento. ¿Sabes? los primeros días deseaba seguirte, ya intuía que esta vida quedaría tan raquítica sin tí que no valdría algunas molestias, ya te puedes figurar: despertadores que horadan el alba, teléfonos que no acaban de sonar, cosas que uno olvida y algunos desplantes. Si hubieses dejado alguna pista, algún lugar por el que escapar... te fuiste silencioso como a ti te gustaba, sin molestar a nadie como decías. Yo (ahora lo pienso), aquella tarde debí seguirte antes de que te marcharas a casa con esa esperanza gris que tanto te acompañaba, aún me pregunto cómo podías reír de aquella forma tan bárbara y justo tras ese instante dejar caer un brazo del sillón después de encender el eterno cigarrillo y prender los ojos de infinito. Me quedé, ya ves, resignado a buscarte sin otro remedio, porque sigo pensando que no moriste y porque no creo aquellos ambiguos datos necrológicos. Como ya he dicho, pienso a menudo en tí (y por más que lo diga no podrás hacerte la idea) y también imagino cómo sería todo esto si siguieses aquí... Hay todavía algo en que no hemos cambiado, o eso espero; por eso, todavía quedan días en que quizá te lo ponga fácil si pudieses volver a mirarte en este espejo, pero otros el dolor que produce tu vacío es tan vomitivo y asfixiante que si volvieses entonces no podrías quererme, lo sé, no prodríamos dar un par de pasos sin tropezar en cualquier cosa, tú con tus intuiciones y yo con mis ideas. Pero si cupiese una pequeña esperanza de que nos encontrasemos en cualquier otro sitio, eso sería perfecto. Ya dueños o verdugos de ese absoluto que ahora perseguimos, tú por tu lado y yo por el mío...sería bello si, de tu lado o del mío pudiésemos volver a ser y a soñar lo que algún día soñamos y fuimos.

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