martes, 29 de abril de 2008
Enemigo interior
Uno recuerda algunos sueños, también sueños que fueron alguna noche pesadillas. Lo absurdo es no comprenderlas del todo, o tratar de comprenderlas si quiera a medias. Somos más de lo que queremos ser, menos de lo que gustaría y existimos en un globo lleno de piedras y de aire que se sumerge, obligándonos a verlo sesgado. Es difícil sacarlo a flote o acabar de hundirlo, las olas lo mecen y va girando a su antojo con nosotros dentro, nos pone a su capricho con los pies en el techo, nos coloca en las manos unas brasas y se obstina en utilizar nuestra cabeza como el tapón de un volcán a punto de estallar. Tenemos que seguir flotando, limando piedras y cogiendo aire en la medida exacta, cuidar el globo y a los que dentro de él se meten o dentro de los cuales nos metemos. Es cierto que uno dice cosas sin sentido... las decimos todos a menudo, todos decimos algo bueno alguna vez y nadie nos entiende, todos decimos algo estúpido alguna vez y no hay quién entienda por qué. Si esto tiene respuesta querría saberla porque las que yo me doy dudo de que sean acertadas, pues casi nunca sabemos bien lo que queremos...pero quizá la única respuesta venga por aquí. Cuando no nos preocupa lo que queremos, podemos decir cualquier cosa y que ésta se torne bella o útil; en cambio, cuando nos turba, nos agobiamos en no perderlo, pedimos mal su atención, nos herimos. Porque no puede haber un querer que nos exiga vivir preocupados, que nos encadene a la idea que con ello nos hemos hecho, o que para serlo tenga que entrar por un aro cada vez más pequeño, así no podemos querernos y por eso la cagamos. Para poder querernos tenemos que esforzarnos en conocernos, asumir que a veces estamos en la cresta de la ola y otras muy cerca del fondo y aceptar que ni siquiera nosotros mismos lo tenemos todo tan claro. Pero es preciso decir que también nos queremos por un misterio maravilloso que nadie comprende pero que todo el mundo sabe, que nos queremos de esa forma tan entrañablemente irracional que tiene la lógica de los sentimientos. Yo confío en que esta pequeña certeza me sirva para frenar a mi enemigo interior que tanto me aleja de lo que quiero y me permita seguir flotando, para que algún día llegue la paz y entonces me tenga y te tenga para siempre a mi lado.
lunes, 21 de abril de 2008
Días de lluvias
Llovía en la noche, antes de este día. Era esta lluvia una respuesta deseada que repartía sus fecundas manos por el aire iluminado que hay bajo las farolas. Un monótono tañer de gotas sobre losetas, chapas y tejas; que acompasaba su ritmo al son de una búsqueda constante para hallar el lugar desde el que pudiese seducirnos mejor. Obligada, supo respetar la redacción de esa carta de amor que se hizo para habitar un hueco como el de aquel árbol. Tuvo, además, piedad de los cuerpos que bajo su cielo no se resignan a ser sólo materia y supo compensar el desacierto de lo que no logramos conseguir. Es cierto, y en los días de lluvia se comprende más fácilmente; que la atmósfera en que dejas escapar ciertos suspiros no se olvida de ellos, no deja que nadie viva sin escuchar el dulce sonido de tu alma y tus entrañas cuando reconoces la ausencia de algo. Esta lluvia ha esculpido con sus lágrimas todas las palabras que damos o nos quita el viento y las ha hecho caer para ponerlas en nuestras manos. Ha sabido dejarse abatir para que cuando recojamos su trabajo podamos andar felices bajo sombras o junto a flores. Ha querido limpiar las calles de mentiras para que podamos decirnos alguna verdad, para que la piel cuando se junte esté limpia de rencores, pura y llena del alma nuestra. Ha querido recordarnos aquello que sabemos que somos porque nos ha dicho además, todo lo que no estamos siendo. Se ha esmerado con cuidado en mi ventana porque en ella aún persisten los mensajes con que quiere hacerme entender que por raro que me parezca vivimos bajo las mismas nubes. Hoy había mares junto a cualquier acera, también había olas bajo cualquier rueda, y fuentes sobre cualquier cántaro. Porque quería que entendiésemos que el mundo grandioso que en postales se desea también está cerca si somos capaces de limpiarnos los ojos con los despojos que sobran de su escultura. Porque tenía que llover, ha llovido; porque no podía ser de otra forma, porque cuando los nublados huyan lejos no podremos dejar de recordar lo que con ellos se nos dijo. Para que la deuda que se contrae con este obsequio nos haga más sinceros. Para que cuando nos sintamos secos tengamos donde mirar, buscando mirarnos. Para que si alguna palabra quedaba sucia podamos volver a meterla en nuestra boca, por eso, para que tu nombre y el mío se pujen como las vigas queriendo juntarse. Tú también sabes que ha llovido por más motivos, para que un día puedas decirme también “ha llovido tanto desde aquellos días...”. Ha llovido para disuadirnos de distinguirnos del resto, pues todos nos mojamos más o menos, la cabeza o los zapatos. Para que aprendamos a querer lo que tenemos dentro de nuestros amparos, para que nuestras lágrimas formen parte de todo el líquido que se escurre por el contorno del absurdo que está entre nosotros. Ha llovido para que mañana cuando ya no llueva, salgamos con más ganas a encontrarnos. Para que bajo cualquier pretexto nos encontremos.
viernes, 11 de abril de 2008
A todo lo demás
No hay más. La realidad en que uno se pierde para encontrarse. El amor como seña de identidad, los dilemas como parte integrante de nuestra pretensión de certezas, la seguridad de la confianza, el silencio de puertas para adentro, los cafés con tabaco, los paisajes que nos miran dentro, ciertas rutinas o usos que vete a saber qué sentido podrán tener (pero ¿adónde ir para saberlo?), los otoños frente a las primaveras sin más estaciones, las fotos, las huidas, las despedidas, los reencuentros, los imprevistos, los recursos, la mancha de tinta en tantos papeles, las velas y su culto, las siluetas en la sombra, las mañanas sin regreso, las copas de vino color a sangre, la sangre de algún dios humano, las luces de los cuartos en los que no estaré, los soles que ví por vez primera cuando ya se iban, los músicos que eligen bien dónde tocar, los bolsos femeninos con libros dentro, las manos que se hunden en la vida para encontrar tesoros en la arena, la lejía con que uno trata de limpiarse el alma, las miradas vagas, los colores con que se pintan las caras, el pelo, las camisas, los zapatos, algún complemento, los torsos desnudos bajo un árbol, el humo y lo que importa justo tras él, los dedos que tocan las pieles como cifrando un código, la palabra melancolía, la muerte rondando, la vida en otra parte (sólo a veces), l@s que nos quieren, los que nos llaman por el nombre que nos pusieron, dios con su reloj atrasado, dios que nos daría un reloj adelantado, tú y todo lo demás y yo, que quiero todo esto y lo que no me ocurrirá jamás.
jueves, 10 de abril de 2008
A cierto amigo
Viejo amigo ¿qué tal te va? ¿qué cosas encontraste en tu azaroso andar? ¿qué es de lo que sabes, lo que más te gustaría ignorar? dime de lo que ignoras, dime ¿qué anhelarás? Hoy visité el minucioso lugar de tu muerte, hoy estuve con la vida y me preguntó por tí y asesinó al olvido, ese moribundo sangrante que no acaba de morir. Hoy la despistada señora del laberinto volvió a mostrar el cabo que nos une a la salida, hoy la pobre Ariadna quiso acercarnos más. Y no mentimos aunque alguna vez nos inventamos la verdad. Pero tú te fuiste ya y me dejaste a golpes con la vida, sí ¿te puedes imaginar? la misma que hace nada nos comía a besos y deseos ¿recuerdas? a tí todo esto te resultará bastante dificíl de entender, lo sé bien. Nunca nos mentimos pero la verdad que ahora me invento se ajusta tanto a esa otra pobre, la realidad...¿qué me voy a inventar que no soñásemos?¿qué te voy a contar si ya lo ves? Me acuerdo tanto de tí, sigues vivo al doblar las esquinas de mi realidad, al otro lado de cualquier sonrisa, sobretodo hay mañanas en que sé que aun puedo encontrarte vagando por las callejas del casco viejo. Aún te busco y quizá tú lo sepas. Te busco aún, especialista en líos, a tí el del ingenio rápido, al enterrador de miedos, al resucitador de pasiones, al dibujante de sueños, al arquitecto de ese otro mundo posible, al mecánico de la realidad, al músico del alma y al poeta cuando había amor. ¿Cuánto nos quisimos? fuimos (¿somos?) inseparables. Te fuiste y tu huida se coló por un embudo tan pequeño que realmente hubo de salir por el otro lado de uno de tantos agujeros negros que ahora yo siento. ¿Sabes? los primeros días deseaba seguirte, ya intuía que esta vida quedaría tan raquítica sin tí que no valdría algunas molestias, ya te puedes figurar: despertadores que horadan el alba, teléfonos que no acaban de sonar, cosas que uno olvida y algunos desplantes. Si hubieses dejado alguna pista, algún lugar por el que escapar... te fuiste silencioso como a ti te gustaba, sin molestar a nadie como decías. Yo (ahora lo pienso), aquella tarde debí seguirte antes de que te marcharas a casa con esa esperanza gris que tanto te acompañaba, aún me pregunto cómo podías reír de aquella forma tan bárbara y justo tras ese instante dejar caer un brazo del sillón después de encender el eterno cigarrillo y prender los ojos de infinito. Me quedé, ya ves, resignado a buscarte sin otro remedio, porque sigo pensando que no moriste y porque no creo aquellos ambiguos datos necrológicos. Como ya he dicho, pienso a menudo en tí (y por más que lo diga no podrás hacerte la idea) y también imagino cómo sería todo esto si siguieses aquí... Hay todavía algo en que no hemos cambiado, o eso espero; por eso, todavía quedan días en que quizá te lo ponga fácil si pudieses volver a mirarte en este espejo, pero otros el dolor que produce tu vacío es tan vomitivo y asfixiante que si volvieses entonces no podrías quererme, lo sé, no prodríamos dar un par de pasos sin tropezar en cualquier cosa, tú con tus intuiciones y yo con mis ideas. Pero si cupiese una pequeña esperanza de que nos encontrasemos en cualquier otro sitio, eso sería perfecto. Ya dueños o verdugos de ese absoluto que ahora perseguimos, tú por tu lado y yo por el mío...sería bello si, de tu lado o del mío pudiésemos volver a ser y a soñar lo que algún día soñamos y fuimos.
viernes, 4 de abril de 2008
kdialeod
Escribo con los ojos cerrados para escribir-te mejor. Prueba de ello es que ahora puedo escribir "kdialeod" y decir que estoy mirándote de lejos, aunque también lo que nunca te han dicho. Después de este relámpago, por mí supiste que vino un silencio que tú no habías visto. Pero ya has llegado y después del tercer beso, el segundo te había parecido poco...y a mí también, no quiero negarlo. Has llegado aunque yo no sepa de dónde ni eso importe. Llegas para quedarte al menos un ratito, aunque nos cuenten que bajo los pies en un abrazo o más allá del cielo si nos fundimos, haya escondida una sangre que nos espera. Se sabe que con polvo de alas hay escrito en un sueño más de un nombre y que en la rueca el alma se teje con hilos de la melodía que hacen tu cuerpo y el mío. Después, si aún no te has ido, ni amenaza esa posibilidad, nos inventamos juegos -tú lo sabes-, la carne tiene sed recién saciada y el futuro no supera el anhelo de otra caricia. Entonces y después de los despueses no morimos.
jueves, 3 de abril de 2008
Perdón por la "rima"
El olvido que me expulsa de su reino hace bien su trabajo y se afana en mí con cuidadoso ahínco. Hay batallas que tiene bien ganadas, hay derrotas que le sangran como una herida abierta. Sólo se trata de elegir, lo sabía bien. La memoria que es selectiva, depende de las pisadas que veamos en la arena. Y hay una hoja afilada que brilla inclinada, que no es más que tu pelo en mi memoria y en mi pecho. No voy a negar, porque no puedo, que aun recuerdo lo triste si es que alguna vez lo hubo. No voy a negar, porque no quiero, que aun recuerdo el resto y de esto estoy seguro. No queremos obstinarnos en lo que se nos hace duro, pero sabemos bien que aún hay un péndulo que cuelga de ese futuro. Tu sabes que no sé lo que quiero, pero sé que no quiero lo que tú ves en mi espejo. Lo que sabes de mí son sólo verdades, pero piensa que son de otro que se fue después por estos lugares. A la esencia la ves como una niebla espesa que nubla todo lo que te quiere tu ciencia. Por si no hay más, y con esto hay bastante, lo de dentro te lo diré cuando suspires por abrazarme.
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